Se trata del vivero municipal Eduardo Holmberg, 210 hectáreas de frondosa naturaleza donde se pueden realizar caminatas, practicar meditación y ser parte de baños sonoros con cuarzo.
Se trata del vivero municipal Eduardo Holmberg, 210 hectáreas de frondosa naturaleza donde se pueden realizar caminatas, practicar meditación y ser parte de baños sonoros con cuarzo.



Noticias Relacionadas
Derecho a lo bello en París: el ambicioso plan para limpiar la ciudad y terminar con la basura y las ratas
Picnics, “brocantes” y jardines poco conocidos: cuál es la París que eligen los parisinos
Entre el hielo y el fin del mundo: la escapada más austral para el otoño