- El centro tiene las veredas invadidas por mesas, el ir y venir de valijas, basureros desbordados y el estruendo de la música.
- Pero la ciudad está en una encrucijada: necesita del turismo sin perder su alma ancestral.
El centro tiene las veredas invadidas por mesas, el ir y venir de valijas, basureros desbordados y el estruendo de la música.Pero la ciudad está en una encrucijada: necesita del turismo sin perder su alma ancestral.



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